Para trabajar en equipo
Importancia de reflexionar sobre el Currículo
Universitario
Asistimos a un
proceso de globalización, considerado por los expertos como una tendencia
mundial irreversible, situación que exige
una reflexión crítica y un replanteamiento de los currículos, de los
programas y planes de estudio en todos los niveles de los sistemas educativos,
particularmente en las universidades, con miras a promover la formación de
ciudadanos(as) y profesionales competentes en su disciplina y responsables socialmente
para responder a las múltiples exigencias y desafíos del mundo actual.
En la sociedad del
conocimiento es de vital importancia la formación profesional del talento
humano, lo cual implica la readaptación, ajuste e innovación permanente de los
currículos, coherentes con las necesidades del contexto, incluido el sector
productivo, situación que debe ser asumida por la universidad como actor
principal de los distintos procesos formativos, generando espacios de reflexión
conjunta por parte de las comunidades académicas para pensar y repensar el
horizonte académico de la educación superior. Se trata de “construir una
sociedad más próspera, justa, solidaria y con un modelo de desarrollo humano
integral sustentable” (CRES ,2008:2).
Cuando se aborda el
tema de discusión sobre el currículo universitario, se hace necesario pensar en
una concepción sustentada desde la perspectiva de la teoría crítica. La
propuesta esbozada aquí está fundamentada en la idea de considerar el currículo
como un proceso de construcción, de innovación, de adaptación y cambio permanente
que se nutre, fundamentalmente, desde la interdisciplinariedad, la
investigación y la problémica, categorías que, teóricamente son de dominio
público, pero que para su aplicación persisten dificultades de diverso orden.
De otra parte, no solo es importante reconceptualizar el currículo, sino
también reflexionar sobre qué quiere la institución de sus estudiantes, es
decir, qué tipo de profesional se propone formar y para qué tipo de sociedad.
Se hace alusión en este caso, entre otros aspectos, al perfil profesional por
desarrollar para el contexto actual del país, para las urgencias y
problemáticas de una sociedad que espera respuestas concretas de la educación
superior. En consecuencia, se prospecta un profesional más crítico, reflexivo,
creativo, investigador y comprometido con el desarrollo de los valores que
exige el momento actual: equidad, justicia y paz, entre otros.
En el marco de las
reformas académico-administrativas de la educación superior, pocas veces se
hace referencia al enfoque curricular más pertinente que debe orientar los
procesos formativos, sin embargo, cuando este aspecto tan importante se
menciona, se ubica en un segundo plano de prioridades, sin que finalmente se
generen los cambios y transformaciones por todos esperados. En esta perspectiva,
en el sistema universitario contemporáneo, por ejemplo, viene tomando fuerza la
idea de la “Universidad de investigación” (C.N.A, 2008:5), a cambio de la
tradicional universidad profesionalizante. Esta parece ser una tendencia global
impulsada por los sistemas nacionales de ciencia y tecnología e innovación de
todos los países, donde la “universidad
de investigación” hace énfasis no solamente en la formación de alto nivel,
sino que sus currículos estén centrados en procesos investigativos promoviendo
grupos de investigación en redes amplias, reconocidas y “una alta producción científica
medida en términos de artículos en revistas
internacionales indexadas” (C.N.A, 2008:5 ).
En este amplio y
complejo proceso de transformaciones curriculares anheladas en la educación
superior de América Latina y particularmente en Colombia, surge el dilema de la
dicotomía entre investigación y docencia, dos actividades que en las prácticas
pedagógicas de los profesores difícilmente se han conjugado, como lo afirma
Woods (1995:15), “la investigación y la docencia nunca han tenido una feliz
asociación”. Se considera este aspecto de gran trascendencia para la planeación
curricular en la educación superior, en función de la calidad en la formación
de profesionales con competencias para comprender mejor las realidades sociales
y proponer soluciones a las mismas. En consecuencia , en términos de Giroux, H
( 1990) , es pertinente pensar en
mejorar la calidad del trabajo del profesor universitario y del futuro docente
universitario, quienes deben ser preparados no solo en metodologías innovadoras
de la enseñanza, sino en procesos y prácticas investigativas, en teorías
educativas y curriculares, en el desarrollo del pensamiento crítico, lógico y
creativo , y en las competencias generales y específicas, como lo recomienda el
Proyecto Tuning para América Latina (2004-2007:137) .
¿Qué es el Currículo?
En las reflexiones
sobre el currículo, un interrogante obligado y necesario es , ¿qué se entiende
por currículo? La respuesta es múltiple, ésta depende de quién lo defina, por
lo tanto quien lo define lo conceptualiza; depende también del papel que juega
el sistema educativo, del concepto de Hombre, de Sociedad y de Educación que se
tenga. Sobre el concepto de currículo existe una serie de aproximaciones que han llevado a reconocer
su naturaleza polisémica. Desde una
perspectiva crítica, la hipótesis inicial es considerar el currículo como: Un proceso investigativo, problémico e
interdisciplinario de permanente construcción y participación, orientado a la
formación y transformación del sujeto en
contextos sociales específicos. Desde esta particular concepción, pretendo
dilucidar brevemente cada una de las categorías aquí mencionadas.
a. Proceso investigativo: Dado que el
currículo es un proceso inacabado, implica para quienes lo desarrollan
(docentes y estudiantes) una permanente búsqueda sistematizada de respuestas a
los interrogantes que de él surgen y que tienen que ver con elementos tales
como: la selección y dosificación de los contenidos, los fines educativos de
dichos contenidos, las relaciones entre docentes y estudiantes, las
competencias y actitudes a desarrollar, los recursos y apoyos al aprendizaje,
las didácticas y metodologías, los criterios e indicadores de evaluación; éstas
y otras categorías implícitas en el currículo deben ser motivo de indagación,
por el tipo de dinámica en las relaciones e interrelaciones que estos
componentes generan.
Los procesos
investigativos, desde el currículo, deben dar respuesta no sólo a la producción
de conocimientos, sino a los problemas
regionales y nacionales, de manera que la universidad impacte, particularmente en la región e impulse su desarrollo, teniendo
en cuenta las tendencias de los sectores de punta más significativos que
orienten prospectivamente el devenir de las comunidades.
En esta
perspectiva, autoridades de reconocido prestigio en
educación se han pronunciado, por ejemplo, en opinión de Fernando Chaparro
Osorio (C.N.A.2008:10) coordinador del Consejo Nacional de Acreditación en
Colombia, respecto a la universidad de
investigación, que surge como una nueva
opción en educación superior, afirma : “si bien toda universidad hace
investigación, la universidad de investigación se caracteriza por”(…) y
señala aspectos como: un fuerte
desarrollo de postgrados, en especial doctorados; grupos de investigación
consolidados; alta capacidad para
obtener recursos para investigar; un buen nivel de publicaciones en
revistas indexadas, entre otros; aspectos éstos que se convierten en el motor
de desarrollo social y económico de la región y el país. En síntesis, el papel del currículo en la
educación superior, además de propiciar la formación de profesionales capaces
de producir conocimiento, también ciudadanos con un juicio crítico y una
estructura de pensamiento que les permita liderar los cambios sociales que
exige el momento.
b. Proceso problémico: Para que el currículo sea
significativo y aporte al desarrollo científico – tecnológico y humano, debe
partir de preguntas e interrogantes que docentes y estudiantes tengan
internalizadas y que generen inquietud mental permanente. Lo problémico implica
poner en duda los descubrimientos y resultados de procesos investigativos que
otros ya han realizado. La problémica es considerada como una estrategia metodológica
pero esencialmente como una teoría pedagógica que formula principios, leyes y
fundamentos para el desarrollo creativo del pensamiento del estudiante, con el
propósito de que participe activamente en la construcción y reconstrucción del
conocimiento. En este sentido, Delgado, A. (1997:19), afirma: “Romper con el
esquema de la clase magistral y orientar al alumno en la actividad
investigativa mediante problemas que le lleven a la inconformidad y al deseo de
descubrir la verdad por sus propios medios y a darse cuenta de sus propios
progresos en el campo del conocimiento.” Esta concepción plantea la necesidad de la integración y unidad del proceso investigativo
con la enseñanza, donde se refleje la dialéctica propia de la vida, la
multidimensionalidad del ser humano, su singularidad y universalidad, su
actividad cognoscitiva, afectiva, valórica y actitudinal.
Otros estudiosos
sobre el tema, como Bravo, N. (2002:49), afirman que “la pedagogía problémica
tiene por objeto central, tanto en sus categorías como principios y métodos,
desarrollar las capacidades y potencialidades creadoras del sujeto humano,
reivindicando la independencia cognoscitiva del alumno en la construcción del
saber y la cultura”. En este mismo sentido, la misión del educador, su rol como
profesional no se reduce a enseñar, sino
que se considera como “un intelectual orgánico que trabaja con el conocimiento
científico de la pedagogía y no con el discurso ideológico dogmático y
simplista” (Bravo, N.2002:61). Por lo tanto, el quehacer pedagógico, en esta concepción,
es el desarrollo formativo, integral y complejo, integrado por procesos
metodológicos de enseñanza e investigación.
Desde la pedagogía
problémica el rol del profesor es de aquel profesional autónomo que investiga y
reflexiona sobre su propia práctica, lejos de actitudes conductista, como lo
afirma Elliot, J (1994:16), “El profesor no puede ser concebido como un simple
técnico que aplica rutinas preestablecidas a problemas estandarizados como el
mejor modo de orientar racionalmente su práctica”; en consecuencia el rol del
profesor, al igual que ocurre con cualquier otra práctica social, se debe
convertir en un auténtico proceso de investigación.
c. Proceso interdisciplinario: Los procesos curriculares
pensados desde el enfoque crítico estudian los fenómenos de la realidad sin
fraccionarlos, sin separarlos, con el propósito de comprenderlos desde sus
complejidades y características para luego intervenir sobre ellos. Las
disciplinas integradas y articuladas, dan respuestas más precisas a los
interrogantes, inquietudes y problémicas planteadas en las aulas por los
estudiantes. La interdisciplinariedad es un proceso holístico y complejo que implica
establecer relaciones entre dos o más disciplinas para estudiar la realidad que
es también compleja. Zabala, A. (1999:28), afirma: “La interdisciplinariedad es
la interacción de dos o más disciplinas. Estas interacciones pueden implicar
transferencias de leyes de una disciplina a otra, dando lugar, en algunos casos,
a un nuevo cuerpo disciplinar, como por ejemplo la bioquímica o la
psicolingüística”.
La interdisciplinariedad no es únicamente un
concepto que explica relaciones entre
diferentes disciplinas, sino que este propósito se convierte en un contenido
de aprendizaje que facilita el
establecimiento de los nexos y relaciones entre disciplinas, potenciando una
mejor comprensión del mundo que nos rodea. Es indispensable una cooperación
interdisciplinar en numerosos ámbitos de la vida social, económica, política,
si se quieren comprender y analizar integralmente los problemas más importantes
de nuestro tiempo.
d. Proceso de permanente construcción: Desde el enfoque
crítico, el currículo es una construcción continua, como lo afirma Roldan, O (1993:22) “el currículo es un proceso de permanente
adaptación e innovación”, proceso caracterizado por ser abierto, flexible,
participativo, teórico-práctico y centrado en el sujeto”. Se considera que el sujeto es el constructor y al mismo tiempo beneficiario de las
propuestas que construye en forma conjunta, para el beneficio individual y
colectivo. Hacemos alusión también a la
construcción de sujetos de derechos, es decir ciudadanos, sujetos críticos con
libertades y con identidad como resultado de su relación con
el mundo. La construcción de currículos alternativos y críticos supone actitudes
y acciones responsables, comprometidas con el estudio de la realidad, para comprenderla, intervenir en
ella y transformarla.
e. Proceso participativo: Este concepto de
currículo está soportado en la participación de los sujetos que en él intervienen.
La participación parte de los conocimientos previos que cada sujeto posee y que le permite desarrollar un dialogo de
saberes. La participación se da en tres momentos, el de la información, la
discusión y la toma de decisiones. Se espera que los actores principales del
currículo contribuyan en la construcción
y desarrollo de los tres momentos.
Un currículo pensado bajo el principio de la
participación, se convierte en el eje y motor de los proyectos sociales, cuando
este es asumido como una tarea en equipo, donde convergen los aportes de las
diferentes disciplinas, donde se comparten decisiones, responsabilidades,
logros y dificultades, lo cual favorece la orientación constructiva de
intereses individuales y colectivos según características y necesidades. Desde
el enfoque crítico, para dar respuesta a la integralidad del ser humano, los
procesos curriculares deben integrar a todos los actores, desde su concepción,
diseño, desarrollo y evaluación. Esta postura permite ir más allá de lo
establecido regularmente, donde prima la reflexión, la crítica, la negociación
y el logro de consensos, lo cual debe servir de base para la transformación
social.
Con la participación
aparece la acción, categoría que lleva implícito el establecimiento de
relaciones de los sujetos con la realidad y que a la vez producen un resultado inmediato que es la transformación
de la realidad. Esta consideración implica comprender que, al emprender
acciones previamente determinadas, los sujetos participantes son sujetos de
conocimiento y no simples objetos o instrumentos.
f. Formación y Transformación del sujeto: El currículo debe
orientarse hacia la formación integral del sujeto en sus múltiples dimensiones
como ser humano, propiciando a la vez un proceso de transformación en sus
estructuras mentales y conceptos (cognitivos y metacognitivos), en sus
actitudes, sentimientos y creencias. Pensar un currículo cuya opción educativa
es la del conocimiento para la acción crítica, es construir un currículo que
refleje el nivel de incertidumbre presente en la vida, donde es imposible
lograr una única y verdadera respuesta para los múltiples interrogantes que
surgen de la realidad siempre compleja.
De la misma manera, el currículo debe permitir “que cada persona pueda
comprenderse a sí misma y a los demás por medio de un mejor conocimiento del
mundo” (Zabala, 1999, p.45), para transformarse y transformar el mundo que le
rodea.
El problema de la
formación y transformación de sujetos
actores, autónomos y responsables del desarrollo, en términos generales, es de
una gran magnitud y complejidad, tarea que corresponde emprender al sistema
educativo, desde la planeación, diseño y ejecución de currículos pertinentes,
coherentes con una de las finalidades educativas: Formar seres humanos capaces
de orientar constructivamente sus propios proyectos de vida. Esta es una
postura que va más allá del interés técnico y práctico propuesto por Habermas,
se trata del interés constitutivo del conocimiento emancipador, que en términos
de Kemmis (1993:87) “se trata de un interés por la autonomía y la libertad
racionales, que emancipen a las personas de la ideas falsas, de las formas de
comunicación distorsionadas y de las formas coercitivas de relación social que
constriñen la acción humana y social”.
g. Contextos sociales: Los programas curriculares siempre se
deben desarrollan en contextos sociales específicos, por lo que se requiere que
se tengan en cuenta circunstancias, situaciones, espacios, hechos que
caracterizan a cada programa. No es posible generalizar la operacionalización
del currículo, por el contrario se deben tener en cuenta la diversidad de
variables culturales locales sin perder la universalidad. El currículo debe
facilitar la reflexión crítica de la realidad en los diferentes ámbitos de la
vida cotidiana que favorezca una verdadera comprensión de los hechos, más allá
de una visión simple y deformada que los medios de comunicación tratan de
ofrecer.
Los contextos
socio-económicos y culturales, locales regionales y nacionales se constituyen
en un factor diferenciador de primer
orden, lo cual debe ser analizado cuidadosamente antes de emprender propuestas
curriculares que quieran caracterizarse por su pertinencia y relevancia. La
idea es manejar un paradigma curricular que no le exija al sujeto alejarse de
su contexto social y particular pero que tampoco sacrifique la objetividad y la
validez de los conocimientos que a través de él se construyen.
Las instituciones
educativas de hoy han superado los límites físicos de su infraestructura y su
influencia se hace sentir en todos los ámbitos de la sociedad, es en este sentido
que desde el currículo universitario se proyecte una formación integral de ciudadanos y
profesionales que les garantice un desempeño competente en los múltiples
contextos: social, económico, político, medioambiental, valórico etc.
¿Qué Tipo de Profesional se debe Formar?
Al plantear esta
pregunta se está haciendo alusión a la formulación del perfil, es decir, al
tipo de profesional que queremos formar para un contexto determinado y para un
momento histórico. Se está haciendo referencia aquí a la descripción teórica de una serie de características
que marcan la especificidad y peculiaridad del proceso formativo; es lo que
algunos autores denominan perfil teórico, que difiere del perfil práctico o
real. La tarea es propiciar los medios y las condiciones para disminuir la
brecha que los separa a través de acciones educativas concretas y lograr
coherencia entre lo pensado por la institución y lo desarrollado por los
docentes y estudiantes.
Construir y
desarrollar un perfil profesional lleva a considerar anticipadamente la
determinación de las finalidades educativas, consideración que a la vez plantea
otras premisas de similar importancia, como ¿cuál es la verdadera función que
ha de tener el sistema educativo?, ¿qué tipo de profesionales y ciudadanos ha
de promover la enseñanza?, y en consecuencia, qué enseñar (contenidos) y cómo
enseñar, (didácticas y metodologías).
En esta reflexión
breve sobre los perfiles, las finalidades educativas se ubican en el ámbito del
pensamiento democrático, rescatando así la importancia que tiene la educación para
el desarrollo de la persona, con independencia de rol profesional que vaya a desarrollar en la sociedad, como lo
afirma Zabala, A. (1999:18), …“cada vez otorgan más importancia a una enseñanza
dirigida a preparar no solamente a los más capacitados sino a todos y, por
tanto, no sólo a dar respuesta a las necesidades académicas o estrictamente
profesionales.”
En cuanto a los
contenidos de aprendizaje, sea cual fuere su naturaleza, estos se deben
organizar desde su funcionalidad, entendiéndolos como contenidos necesarios
para dar respuestas a situaciones que se presentan en la vida diaria, problemas
cotidianos, y también, aquellos conocimientos necesarios para intervenir en la
sociedad para su transformación. De otra parte sobre las didácticas y metodologías persisten serias amenazas relacionadas con la
devaluación del trabajo del profesor universitario, debido al creciente
desarrollo de ideologías instrumentales que enfatizan en un enfoque
tecnocrático, lo que a la postre resulta contraproducente, ya que las
mencionadas metodologías parecen negar la necesidad misma del pensamiento
crítico (Giroux,H. 1990). Así, la racionalidad tecnocrática e instrumental parece actuar, cada vez con
más fuerza, sobre el campo mismo de la enseñanza, que reduce la autonomía del
profesor con respecto a la planificación y desarrollo de los currículos,
afectando finalmente el logro de los propósitos formativos y perfiles
propuestos inicialmente.
En consecuencia de
lo anterior, se propone la formación de un pensamiento y una acción crítica,
postura que defiende el verdadero cambio social y que en términos de Flecha, R. (1997:30), esta postura tiene dos
características: “1) defensa de la igualdad de todas las personas y colectivos,
y 2) apoyo a los movimientos sociales que luchan por esa igualdad”. A partir de
estas y otras características, el mismo autor hace un llamado de atención ante el surgimiento de
discursos críticos conservadores y
reaccionarios, contrarios al cambio social, tales como aquellos discursos reproduccionistas, que
pretenden demostrar científicamente que ninguna acción educativa puede lograr
una mayor igualdad; los discursos reaccionarios postmodernos, entendidos como
nuevas rebeliones contra la modernidad , en tanto que estos se constituyen en
un ataque frontal contra el objetivo de la igualdad y contra los movimientos
sociales que luchan por ella.
Las alternativas
transformadoras a la educación en la sociedad del conocimiento están referidas
al discurso dialógico descrito en las obras de autores como Freire(1995/1997) y
Habermas(1981/1987), citados por Flecha(1997:38-39), alternativas que se
caracterizan por: “una concepción dual de la sociedad y la educación; visión
del cambio social que incluye tanto los fenómenos de reproducción como de
resistencia y transformación; centralidad del concepto de autorreflexión;
concepto de persona individual como agente con un centro interior de regulación
de la propia conducta; concepto de la actividad transformadora de los
movimientos sociales y autorreflexión sobre los propios efectos sociales de los
análisis críticos”.
¿Cómo
articular la
Investigación y la Docencia ?
Por tradición, la
actividad académica de gran parte de las universidades colombianas y latinoamericanas ha estado centrada en la docencia
y la labor del profesor universitario, es la enseñanza desligada de la
investigación. No bastaría con enseñar muy bien un saber, un conocimiento; más
interesante resultaría si el contenido de la enseñanza está ligado y es
consecuencia de procesos investigativos.
Una de las
controversias más fuertes en la actualidad
es que los docentes universitarios no nos debemos limitar solamente a la
docencia, en la mayoría de los casos descontextualizada, sin sentido ni
significado. Es necesario que la docencia sea el resultado de procesos
investigativos, bien sea desde la investigación formativa o desde la
investigación propiamente dicha. Se observa que la relación
investigación-docencia en la mayoría de las universidades es mínima o casi nula
por múltiples razones de orden académico, administrativo, político, que afectan
los procesos educo-formativos que desde los programas se proyectan. Se propone,
desde diferentes ópticas, la urgencia de un cambio cualitativo en los currículos, donde el eje central de la actividad académica
sea la investigación. Sin
embargo, autores como Woods (1995), afirman que la investigación nunca se ha
asociado con la docencia. En los últimos años se ha generado un debate
pedagógico centrado en el problema de la articulación entre docencia –
investigación en el aula y en las distinciones y límites entre el oficio de
investigar y el de enseñar.
Muchos son los autores que
sobre el tema han incursionado: L. Stenhouse, Landsheere, J. Elliot, Kemmis,
Guba, citados por Cerda (2007) entre otros. Sus contribuciones han ayudado a
comprender y explicar mejor el rol de la investigación en el aula y en el
proceso pedagógico. Así mismo organismos nacionales e internacionales como el
ICFES, CNA, COLCIENCIAS, la
UNESCO y otros vinculados al sector educativo han mostrado un
especial interés por promover en sus políticas el acercamiento entre docencia e
investigación (CERDA, 2007).
En términos de Stenhouse (1991),
la separación de estas dos categorías
hace de los profesores uno simples ejecutores de normas y directrices curriculares, lo cual refuerza
la función reproductora de la escuela, hace énfasis a que solamente la función crítica
garantiza la transformación de la práctica y cambia las perspectivas ante los
fenómenos educativos. Este autor al referirse en su teoría sobre la
investigación y desarrollo del currículo, explicita que: “El profesor es
autónomo, libre, con determinados propósitos, guiado por el conocimiento, que
articula todo ello en su práctica, autorregulada por un procesos de
investigación que es inherente al proceso de enseñanza (arte informado por la
razón) y al de aprendizaje (búsqueda y logro de significados personales)”.
(Stenhouse, 1991:20).
El mismo autor Stenhouse
(1975), citado por Kemmis (1993:93), al referirse a la construcción
teórica emancipadora del currículo,
acuña la noción del profesor como
investigador, en la que sugiere “una forma de organización de la lucha para
cambiar la escolarización mediante el trabajo de la profesión docente”. Insinúa
que “una actuación profesional crítica puede organizarse cooperativamente para
cambiar la escolarización de manera que lleve mejor a la práctica los valores
educativos”. La formación del docente –
investigador para este y otros autores, en el marco de la concepción crítica
del currículo, además de sugerir la articulación entre investigación y docencia, insisten en
el establecimiento de comunidades proactivas, comprometidas en la tarea
fundamental de transformar las prácticas
de la escolarización y contribuir a la construcción crítica del currículo que
trascienda las limitaciones de las teorías técnicas y prácticas.
El tema de la formación del
docente como investigador debe elevarse a un debate público, donde se de curso
al análisis de las críticas y autocríticas
sobre la tendencia progresiva a la reducción de su papel como líder
intelectual y moral, como consecuencia de las permanentes reformas educativas
que reducen el rol de los profesores a la categoría de técnicos,
administradores de currículos, encargados de llevar a cabo los dictámenes y
decisiones de expertos totalmente ajenos a las realidades escolares
universitarias. En la docencia universitaria, la investigación ha de ser una
actividad primordial, articulada en forma coherente y pedagógica con los
procesos de enseñanza- aprendizaje.
Sin embargo, a pesar de estos
aportes importantes de los expertos sobre el tema, subsisten muchas dudas y
argumentos poco sólidos al respecto de la relación y articulación entre
docencia e investigación como funciones sustanciales de la educación superior
(Ley 30/92), aspecto que amerita toda la atención y constituye un campo de
reflexión permanente para los estamentos universitarios, en especial para los
docentes.
Para la comunidad académica
universitaria, particularmente para el profesor universitario, indagar, dar
claridad y lograr mayor comprensión sobre los vínculos entre docencia e
investigación genera una serie de beneficios que impactan directamente en la
calidad de la educación superior e indirectamente en el desarrollo regional y
nacional; estos beneficios son, entre otros:
·
Construcción
de currículos más abiertos, dinámicos, flexibles y pertinentes que respondan a
las exigencias y problemáticas regionales y nacionales.
·
Flexibilización
y cambio progresivo de los planes de estudio de los diferentes programas,
acorde con las necesidades y expectativas de los beneficiarios y con el tipo de
profesional que exige el momento.
·
Desarrollo
de procesos de enseñanza-aprendizaje basados más en la indagación, búsqueda e
investigación en el aula que en la reproducción y memorización, durante la
formación de los profesionales.
·
Mayor
sentido de compromiso y pertenencia institucional por parte del docente
universitario, reflejado en la mejor formación científica, ética, política y
humana de los estudiantes.
·
Transformación
sustancial de las prácticas pedagógicas de aula de los docentes universitarios,
lejos de refugiarse en el conformismo y en la rutina.
·
Mejores
posibilidades para el desarrollo de la investigación y la crítica educativa de
manera participativa y deliberativa entre estudiantes y profesores.
·
Formación
de profesionales con sentido crítico, reflexivo, creativo, y comprometidos con
los valores que propende la universidad.
·
Afianzamiento
y consolidación de las propuestas y tendencias actuales existentes en la
universidad sobre los procesos de interdisciplinariedad y dialogo de saberes,
aspectos que permiten aportar a la solución de problemas sociales, tecnológicos
y científicos.
¿Cuál
debe ser el enfoque Curricular Universitario?
La respuesta a esta inquietud
se enmarca por lo menos en tres (3)
aspectos fundamentales, planteados desde la premisa de Investigación pertinente; una es la Investigación – Región , como el aporte y
articulación de la institución que investiga (la universidad) y el compromiso
con el desarrollo y la transformación de la región; la segunda es desde el marco filosófico, que implica la
búsqueda e indagación de las explicaciones a fenómenos desde preguntas
problémicas y problematizadoras que propician las disciplinas y para lo cual
los sujetos que investigan deben tener una formación básica; finalmente, el
otro aspecto, congruente con los dos anteriores, es el de cientificidad de la investigación que tiene que ver con la
rigurosidad en el uso de los métodos para que los procesos como los resultados de la
investigación tengan validez y confiabilidad.
Algunos conceptos que se
deducen de este análisis apuntan a señalar que toda investigación en sí, es
pertinente, de lo contrario no sería investigación; sin embargo para ampliar el
ámbito de la discusión, la pregunta es ¿Cuál
debe ser el rumbo de la investigación en la Universidad? Tres perspectivas
surgen desde este planteamiento:
a)
La
investigación para la
Universidad , en cumplimiento de su misión de “producir conocimiento”, de relacionar
los saberes con los procesos investigativos;
b)
La
perspectiva de la investigación para la región, en tanto que los procesos investigativos
den respuesta a los problemas regionales, de manera que la universidad impacte
en la región, e impulse su desarrollo determinando las tendencias y los
sectores de punta más significativos que orienten prospectivamente el devenir
de las comunidades;
c)
La
investigación para la docencia => La docencia universitaria esta en mora de articular en forma coherente el proceso de la
enseñanza con procesos de investigación. Lo ideal es el docente alimente su
cátedra desde la investigación, acción que surge en forma colaborativa con sus
estudiantes de la problematización del conocimiento.
A partir de estas premisas
podemos sintetizar brevemente la propuesta del enfoque curricular universitario, bajo las
siguientes consideraciones:
El enfoque curricular
universitario, debe ser interdisciplinario, que propicie entre los miembros de
la comunidad académica universitaria el espíritu crítico, investigativo y
reflexivo, el desarrollo de la creatividad y el compromiso con el desarrollo de
actitudes y valores que exige la
sociedad actual. En este último sentido, se necesita, como lo afirma la Declaración de la Conferencia Regional
de Educación Superior en América Latina y el Caribe (CRES, 2008:3): “una
educación que contribuya eficazmente a la convivencia democrática, a la
tolerancia y a promover un espíritu de solidaridad y de cooperación; que
construya la identidad continental; que genere oportunidades para quienes hoy
no las tienen y que contribuya, con la creación de conocimiento, a la
transformación social y productiva de nuestras sociedades”, componentes que no
pueden estar ausentes de los procesos formativos universitarios actuales. En este mismo
sentido, las autoras Goyes y Uscátegui(2000,p.107) al referirse a los procesos
curriculares, afirman “El enfoque crítico social requiere en cambio de procesos
dialécticos, reconstructivos, holísticos flexibles, autoestructurados y contextualizados,
los que se desarrollan mediante investigaciones de estudiantes y profesores”.
En consecuencia, el currículo
universitario y los planes de estudio no deben seguir centrados en el asignaturismo
con contenidos atomizados y desarticulados de las realidades de los
beneficiarios (estudiantes) ni alejados de los contextos regionales y
nacionales. El planeamiento curricular tiene como premisa enfatizar, en primer
lugar, en la formación y desarrollo integral del sujeto, en sus intereses y
necesidades, en segunda instancia en la solución de los problemas sociales del
contexto. De esta manera la planeación académica propuesta por los docentes ha
de partir del análisis y la discusión sobre qué tipo de contenidos son los más
pertinentes, qué competencias se deben desarrollar en los estudiantes, qué
recursos y equipos de apoyo al aprendizaje se requieren, qué estrategias metodológicas
utiliza el docente y cuáles son los criterios de evaluación del aprendizaje más indicados para valorar los logros planteados.
En consecuencia, el futuro de
las universidades como instituciones sociales fundamentales, se estructura a
partir del momento presente, replanteando una y otra vez su misión y visión,
sin perder de vista su esencia humanista que por naturaleza les corresponde.
Una universidad con futuro seguro y perdurable, es aquella que garantiza la
formación de ciudadanos y de profesionales con alto nivel de producción
científica con gran sentido de sensibilidad humana, que contribuyan a la
solución de los problemas sociales, especialmente de los sectores más
vulnerables.
Finalmente, la autonomía y la
independencia de la universidad se deben
asumir como la posibilidad y el derecho a definir su propio rumbo, dotarse de
sentido, determinar sus finalidades educativas, reconocerse como una instancia
con capacidad de responder a sus principios, supeditando su labor académica a
las normas establecidas, pero con la posibilidad de generar cambios en las
estructuras académicas, propiciando la creación e innovación curricular,
generando cambios en la concepción de la formación de profesionales, en las
estrategias metodológicas y en general
en los procesos de comunicación pedagógica.
Estas intencionalidades de la
educación superior se han de materializar en el diseño y desarrollo de
currículos críticos, más dinámicos, flexibles, participativos y centrados en el
sujeto; proceso que debe reflejarse en las denominadas reformas académicas y de
autoevaluación institucional, orientando los esfuerzos y la atención en
acciones de diseño, organización, ejecución y evaluación, como la alternativa
para mejorar la calidad de la formación profesional.
Urge la creación y
consolidación de comunidades académicas que soporten la propuesta de trabajo
interdisciplinario, problémico e investigativo que nutra permanentemente la estructura
curricular de planes y programas de estudio, sustentada bajo el enfoque
curricular integrado y crítico, con el aporte de las diversas disciplinas y
como resultado de la indagación sistematizada en la que se integren todas las
experiencias, concepciones y miradas de los sujetos que intervienen en el
proceso formativo.
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